domingo, 24 de septiembre de 2017


24 de septiembre de 2017. Domingo.

LA MANO Y LA ROSA

Latiendo, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Abro los ojos, doy la luz y miro mis manos, que como dice el poeta, son las «avanzadillas del corazón». Como la hoja del árbol, que también es avanzadilla de sus raíces. En las manos están la caricia o la agresión, el gesto de abrir un libro o de cerrarlo, el de lanzar un dardo u ofrecer una rosa. ¡Qué hermoso llevar una rosa en la mano, viviendo ambos -la mano y la rosa- en el mismo suceso de amor! Leo la prensa y veo que hay más agresiones que caricias, más libros cerrados que abiertos, más dardos -guerras, desastres naturales, injusticias, niños perdidos, niños envenenados de ira, ancianos descartados, derechos violados- que rosas. Más dardos que rosas, Diario. Sin embargo, abogo por que haya más rosas que dardos. Rosas en el jardín y en las manos, y en el corazón del mundo, latiendo ahí, todavía, como una esperanza nueva y viva, bellamente aclamada (19:02:36).

viernes, 22 de septiembre de 2017


21 de septiembre de 2017. Jueves.

LA PESADILLA

Pesadilla, en el tren. Camino de Madrid. F: FotVi

-Un país en el que la mayoría dormía -pero sin soñar-, despierta bajo el pasmo de una pesadilla. Las pesadillas son las dagas del sueño, que hieren al que no sueña. Se suele decir: «He tenido una pesadilla»; y no: «He soñado una pesadilla». Los sueños son fantasía, evocación, presencia idealizada de algo hermoso; las pesadillas, por el contrario, son pavor, estremecimiento, una fatigosa persecución, con el único final feliz del despertar entre ahogos. Tras una pesadilla, me limpio el sudor de la frente y doy masajes a mi mente para que se desintoxique, para que vea un poco de luz. De pronto, en este país nuestro, todos hemos despertado con la pesadilla de que algo nuestro se rompe, se quiebra. Algo que amamos, pero sin decirlo: lo evidente no se dice. Amamos a Cataluña, y lo callamos. Amamos a España, y lo callamos. Esto es algo que se supone, decimos ahora. Y, de pronto, despertamos con una pesadilla que nos persigue, nos intenta devorar; la pesadilla del odio, que durante años, se ha ido alimentando de mentiras, hasta que la mentira nos quiere engullir. Cuando dormidos sin sueños, nos ataca la pesadilla, que supone correr delante de nuestros miedos, sin asidero posible. Con la esperanza, Diario, de despertar a tiempo, y librarnos así de las garras del miedo que nos hostiga, que nos persigue, como unas fauces terribles, demenciales, espumosas de rabia (19:21:08).

miércoles, 20 de septiembre de 2017

20 de septiembre de 2017. Miércoles.
¿ESPECIE MALDITA?

Bicicleta varada, en Murcia. F: FotVi

-Idos los calores, vuelvo a caminar por la ciudad como perdido, dando la sensación de no saber dónde estoy ni qué busco, cosa que me causa un placer inmenso. Me detengo y miro una flor caída de la jacaranda, humildemente azul, como una pequeña exclamación del mar en la acera, me digo. Nostalgia del mar y sus lamentos. Y sigo, con la mirada intensa, mirándolo todo: el río, con su agua plana, inmóvil. Su agua turbia, con una palidez de trigo seco. No me recuerda al mar, sino la abrupta sequedad del campo, su agrietado modo de anhelar la lluvia. Los cisnes y patos, en la sombra, bajo el puente; todavía el calor es notorio, aunque menos. Y llegado a casa, el golpe al espíritu de casi todos los días, o el caos de la tragedia insaciable: la dentellada del terremoto en México o la furia del viento en el Caribe. Todo es un amasijo de adversidades, como si fuésemos haciendo equilibrios en el alambre del peligro sobre el abismo, y en el que a veces caemos. A lo mejor tiene razón Ciarán, filósofo rumano, cuando dice que «el ser humano es una especie maldita». Y maldita, porque piensa, y así conoce lo que le espera al final, la muerte, o el ángel caído sin alas, sin vuelos. Pero, no. Precisamente porque piensa, porque razona, va más allá de la daga del dolor, de la cuchillada de cada día, y se pone en camino hacia otra dimensión liberadora, también humana, pero más sutil. Estoy con Karl Rahner, que destaca «la solidaridad de Dios con el mundo», su abrazo al que sufre, su sollozo por todo lo que es herida y angustia, cruz. Y aquí cerca, el otro seísmo: el que se está produciendo en Cataluña, que amenaza, entre escombros de democracia y pancartas como tiros, con sepultarlo todo. Pero, mientras se afianza la locura, yo, Diario, rezo y callo, otro modo de hacer la guerra a los que gritan mucho y lanzan palabras como venablos; palabras que, a veces, dan en el blanco y lastiman, aunque no maten, aún (18:25:22).

lunes, 18 de septiembre de 2017

18 de septiembre de 2017. Lunes.
LOS DEDOS DE LA FE

 Y la semilla brotó, en el jardín. Torre de la Horadada. F: FotVi

-Vuelvo de San Pedro, cansado, jadeante, algo roto; aunque esto suele ser normal en un joven de ochenta y un años. Vas, vienes, andas sobre tus años, y, al final, te resientes, es lógico: los años pesan; aunque luego quede un sabor a ciruela en la boca, que alegra la garganta y pone a la mente a hacer puzles de esperanza, cada vez más luminosos, y también más complicados. Una boda -Silvia y David-, o la celebración -con Dios al fondo- del amor. Celebrar el amor es tocar a Dios con los dedos de la fe. O hallarlo ahí donde tú estás, latiendo: en el punto mismo -el Aleph (Borges)- donde tú amas. Dios es amor, dice San Juan, y san Pablo lo explica: porque el amor -dice- es paciente, servicial; no se jacta, no se engríe; es decoroso; no busca lo suyo; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Y, además, todo lo cree; todo lo excusa; todo lo espera; y soporta todo, porque el amor (pasión, ternura, amistad, galanteo, cortejo, ágape, seducción, arrullo…), porque el Amor -dice-, es Dios. Y este Amor, este, no acaba nunca, siempre permanece aunque parezca que sufre vacilaciones, como la chispa en el pedernal o el eco en la montaña. Eso les dije a los novios, y tenían los ojos muy abiertos, y es que las palabras primero las entiende la vista y luego pasan al corazón, donde germinan, o no, pero ahí están. O eso pienso yo, que, cuando algo me asombra, abro mucho los ojos y voy dándole vueltas en mi interior, hasta que llega al corazón, y ahí, Diario, queda sonando, dándome vida, o quedando como semilla, para, a las primeras lluvias, retoñar, y hacer así la primavera (19:45:46).

viernes, 15 de septiembre de 2017

15 de septiembre de 2017. Viernes.
ALEGRÍA

Navidad, alegría en Estambul. Turquía. F: FotVi

-«Tu alegría es mi alegría»: o el nuevo lema del colegio de la Salle en Las Palmas. (Que nadie se entere: me lo ha dicho Candela). Por demás, bello lema, y no solo para niños. Si le preguntas a un niño qué es la alegría, quizá te sonría, o balbucee, y simplemente se te quede mirando, asombrado de que una persona mayor no sepa de qué va la alegría. Aun en los momentos difíciles, el niño ríe, juega, le danzan, con los ojos, las manos y los pies, y el cuerpo todo, que es como una tiza en manos de un loco llevando el caos a la pizarra. Alegría -dice-, y el niño se ve jugando y riendo, o acelerando la mordida al bocadillo, o dándole una dedada al libro de matemáticas para hallar y aprender que la raíz cuadrada de seis -número multiplicado por sí mismo- es seis. El niño entiende que la alegría le hace moverse y reír. Lo mismo que sabe que estar triste, es llorar. O lamerse las lágrimas de la desgracia familiar y social en la calle. Cuando un niño está triste, fuma, o hace lo que ve en otros, vagabundear. Chulear. Y anda desarrapado -derramado- por las calles, pisando charcos y diciendo ¡qué hay, tío! En el colegio de la Salle, en Las Palmas, los niños se muestran alegres, porque su alegría -les dicen- es la alegría del otro; y así, Diario, ríen, y juegan, y estudian, y acaban por mirarse a sí mismos y verse felices en la felicidad del vecino, que también ríe, y estudia, y juega, y que, alguna vez, cuando se detenga a pensar -los niños piensan-, caerá en la cuenta de que la alegría es buena y saludable, y da felicidad, y contagia, como el amor o el silencio, o la ira (18:05:10).

jueves, 14 de septiembre de 2017

14 de septiembre de 2017. Jueves.
ADIVINAR LA LUZ

Escondida, pero bella. En Murcia, junto al río. F: FotVi

-Salgo y me enfrento al día, que es hermoso y tibio. Las jacarandas pobladas de hojas, todavía muestran alguna de sus flores azules, pero en segundo plano, sin la esbeltez y la abundancia de la primavera o del otoño. Veo a una chica ciega que, con su bastón, trata de adivinar la luz. Me emociona su insistencia en los golpecitos del cayado, hasta que toca la luz. Yo aguardo en un semáforo, y ella, con unos pequeños sacudidas ante sus pies, halla también el semáforo. Y espera, junto a mí. Me gustaría entrar en sus pensamientos, Diario, pero solo acierto a contemplar cómo se aleja de mí, tras las palabras sincopadas de su bastón. Se aleja con la mirada fija en el oído de su interior, que debe hablarle de un mundo sin colores, pero bellamente poblado de olores y sonidos, y de sensaciones inverosímiles, verbales, que solo un invidente puede silabear y gustar, y decir (20:24:58).

miércoles, 13 de septiembre de 2017

13 de septiembre de 2017. Miércoles.
SUPERSTICIÓN

Siempre hay un más allá, en Las Palmas. Gran Canaria. F: FotVi

-Se me enciende la alarma al leer que es 13 (13 y martes, me digo); pero, al poco, descubro que no es martes, y respiro, con una mariposa (de alegría) en los ojos. La superstición es un atajo de miedos, uno detrás de otro, como una fila de hormigas que intentara llegar y tocar lo inalcanzable. O lo que está más allá del alcance de una utopía. O lo divino. La superstición es un resbalón de la inteligencia hacia lo oscuro, hacia lo que parece estar ahí detrás y no surge, no brota. Es una búsqueda tenebrosa con el ansia de encontrar lo inaccesible. Es darle la espalda a la razón y ponerse detrás de una liturgia perversa, que -aun de buena fe-, en ocasiones te hace vivir en un mundo irreal. Ni el trece supone mal fario, ni coincidiendo con martes causa estrago alguno. El trece y martes, o el trece y miércoles, no son más que un número y un día; y que hoy -y aquí en nuestra tierra- hemos vivido con sol y palomas, y luz y sombras, y piedad y avaricia, y pobres con la mano alargada y ricos con prisa y pensando en cifras con ceros infinitos, y sin caer en la cuenta, que ha sido un día más -13 y miércoles-, un día que se les ha ido (se nos ha ido) y que no volverá. O sí, pero siendo 14 y jueves, y sin supersticiones; o con la bella ilusión, Diario, del trabajo bien hecho y el deseo del pobre de ver caer -por amor de Dios- unas monedas en su mano tendida, como un vuelo de aves migratorias (18:52:45).