NOTICIAS


Noticia de alcance. 

Preparo un nuevo libro de poemas; su título es (de momento): Piedras  rodadas, y está muy avanzado, tan avanzado como el otoño, que no ha hecho más que empezar.
He aquí un poema, todavía con olor a arcilla y a manos de alfarero. 
                                    

                                                             INFANCIA


                                   Se detiene mi infancia aquí, en esta
palabra que ahora digo:
infancia, tallo
de la ascensión, o gloria del pájaro. 

Luego todo sería descensión,
o un agarrarse al viento
para evitar caerse todo. 

Nadie sabe lo que es el viento,
hasta que a él se agarra y vuela,
y se sabe cayendo
pero sin ruido de tragedia. 

Cayendo sueño abajo,
hasta hacerse inmortalidad.

                                                         (Vicente García Hernández)

                                                                Publicado


Por fin, hay una editorial que se atreve con Piedras rodadas, y lo edita.

Es la Editorial Letra Impar. En su colección Veloz Quietud. Le doy las gracias y lo celebro, pues es difícil y expuesto hoy en día publicar poesía. Gracias, Pepe Criado, editor.
















Y esto es lo que dice del nuevo libro el catedrático Francisco Javier Díez de Revenga en su didáctico y excelente prólogo:


Advertirá el lector que Vicente García Hernández, en este su nuevo libro de poemas, Piedras rodadas, acoge como motivo central de su poesía a la palabra, porque está convencido de que la palabra es la vida y con la palabra se puede recrear todo un mundo interior, el de del pensamiento, el de la inteligencia, con el que explicar el destino y el papel del ser humano en el mundo y en la naturaleza, conviviendo con los demás y caminado hacia el final y hacia la inmortalidad.


                                                        TODO EL CIELO

                                                           A Candela, sus ojos.


Caen
dos hojas en tus ojos,
y es otoño; dos párpados caen,
dos rumores, que juntos
parpadean, dos pájaros,
y es el cielo el que cae, sin caer de ti;
y está en tus ojos, detenido,
aunque cayendo,
¡todo el cielo!

O eternidad y duda caen,
y la ascensión de no subir,
de estar en tu mirar,
logra su tierra prometida;
y tus ojos se mueven
como hoja en su desplome,
y el otoño se besa en tu mirada,
o se esconde con timidez en su iris
de mirar sin hacer daño;
y no se mueve, sólo está
cayendo en caída contenida,
igual que la cabeza cuando piensa,
en ascensión que profundiza.

Dos hojas en tus ojos caen,
y es tu otoño,
que recojo en mis manos,
y que beso y bebo,
y, emocionado, trago,
por gustar en ti
tanta melodía.

Con el júbilo consiguiente, le doy la bienvenida al libro y al editor, y, no faltaría más, al autor, que es el que lo ha imaginado y dado a la luz de las letras.

Laus Deo.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario